La reinvención de las librerías: la vanguardia de Tokio

“En este local antes estaba una librería famosa, la Aoayama Book Center, que tuvo que cerrar sus puertas, como tantas otras de Tokio, porque el negocio no es rentable si solamente vendes libros”, afirma Akira Ito, dueño de Bunkitsu, quien —como el resto de sus empleados— viste una bata de conserje de hotel sofisticado.

“Para nosotros ir a una librería se parece mucho a ir a un museo, donde sobre todo miras y no necesariamente compras, por eso fijamos un precio de entrada de 1500 yenes, parecido al que cobran la mayoría de los museos japoneses”, prosigue con la fluidez de alguien que ha tenido que repetir ese argumento innumerables veces desde que inauguró ese proyecto en diciembre pasado.

Porque Bunkitsu se ha convertido en la primera librería del mundo que cobra entrada desde el día de su apertura y —por extensión— en noticia global. Es la segunda vez que una librería ha adoptado esa medida: Lello, de Oporto, comenzó a hacerlo en 2015 —146 años después de su fundación— cuando se volvió insoportablemente turística a causa de un malentendido: millones de personas creen que tiene alguna relación real con el universo Harry Potter.

Pero tal vez ni Lello ni Bunkitsu sean exactamente librerías. La portuguesa quizá sea sobre todo un museo de sí misma, donde la sección de libros de J. K. Rowling en varios idiomas y de productos de la propia marca Lello —lo único que realmente se vende, el precio del libro o de la agenda o del lápiz se descuenta de la entrada— funciona exactamente igual a como lo hace la tienda de un museo.

Y la japonesa incluye en los cerca de 14 dólares de entrada obligatoria todos los tés y cafés que el cliente desee tomarse durante las horas que permanezca en el local, que abre de 9 de la mañana a 11 de la noche. Si se tiene en cuenta que con 1500 yenes pagas un café con leche en un local caro y dos en cualquier cafetería de este barrio de Roppongi, se podría decir que Bunkitsu es una tarifa plana de bebidas excitantes con apariencia de librería.

O dos bellos y acogedores espacios de coworkingcomunicados por mesas y anaqueles llenos de libros muy bien escogidos: una larga mesa iluminada con las clásicas lámparas verdes que encontramos en la Biblioteca Pública de Nueva York o en la Biblioteca Nacional de Argentina; y una zona de mesas, sillas y sofás junto a la cafetería.

Sea lo que fuere, el negocio es viable. “Tenemos unos cien usuarios al día y podemos pagarle a diez conserjes librescos”, concluye Ito —según me traduce del japonés el hispanista Kenji Matsumoto—. La asesoría o el consejo de esos diez libreros con uniforme también está incluido en el precio, así como la lectura de los libros en venta: la mayoría de lectores o clientes toman nota en sus portátiles de lo que leen en volúmenes caros de arte, diseño o arquitectura.

La entrada de pago a Bunkitsu ha generado un fuerte debate en Japón porque los escritores, periodistas, profesores y amantes de los libros en general han picado el anzuelo y han discutido una afirmación tramposa pero que, en términos de mercadeo, funciona a la perfección (la primera librería del mundo que cobra su acceso). Cuando, de hecho, no solo es normal pagar cuota en un espacio de coworking o que en una cafetería haya consumición obligatoria, también lo es en Tokio que las librerías de autor más activistas —como Readin’ Writin’, Chekccori, Book & Beer o Cien Años— cobren una entrada de al menos 1000 yenes (unos 9 dólares) en sus lecturas y presentaciones de libros.

Hace tres años, la Tokio más libresca tuvo un eco mediático global gracias a la iniciativa de otro librero preocupado por la baja rentabilidad del negocio, Yoshiyuki Morioka. Creó en una calle periférica del célebre barrio de Ginza el proyecto “A single room with a single book” (“Un único local con un único libro”) en la librería Morioka Shoten, que cada semana pone a la venta una novela, un poemario, un libro de fotografía, un manga, un catálogo de arte o artesanía o moda o incluso una autoedición, acompañado o no de manuscritos, obra gráfica o artículos en venta que guarden relación con el volumen escogido.

Más difícil de comunicar con un eslogan, en cambio, es el concepto que articula Bookshop Traveller, un café librería que fue inaugurado en agosto del año pasado y que —pese a su indudable originalidad— no ha captado el interés de la prensa. Su curador es Masayuki Waki, el máximo experto en librerías japonesas, quien se define en su página web como “bookshop lover”.

A él se le ocurrió, con la intención de eliminar el problema de la gestión de novedades y de fondo, convertir el local en una colmena. Así, las estanterías se dividen en 30 espacios, desde los más pequeños (que se alquilan por 3000 yenes, unos 27 dólares) hasta los más grandes (que cuestan 5000 yenes, unos 45 dólares). Su contenido depende exclusivamente de los 30 libreros independientes —aficionados o profesionales— y librerías —con local o de venta ambulante o por internet—, que deciden no solo los libros sino también la decoración de su anaquel o la inclusión de objetos.

El 100 por ciento del beneficio de la venta recae en quienes alquilan el espacio. No es casual que sean tantos como los días de un mes, porque cada día atiende uno de ellos en Bookshop Traveller. Algunos aspiran a abrir algún día su propia librería y aquí aprenden, ensayan; otros tuvieron que cerrar la suya o regentan un local en otra ciudad y vienen periódicamente a la capital; cada proyecto es un mundo —una o varias biografías—, en un espectro que va desde la autopromoción hasta el sueño romántico. Es muy posible que sea la primera metalibrería de la historia.

Es imposible saberlo, porque existen —y existieron— millones de librerías en todo el mundo. Y porque no existen estadísticas globales ni una historia documentada de las librerías. Lo que sí es seguro es que en China hay cerca de 250.000 librerías, de las cuales solamente una, la Mil Gotas de Pekín, vende exclusivamente libros en español. Y que en Barcelona hay 315, pero solo la recién inaugurada Lata Peinada es especialista en literatura latinoamericana. Y que en Ciudad de México hay 489 visibles, pero solamente dos son secretas: El Burro Culto y La Mula Sabia. Se trata de singularizarse. De buscar opciones nuevas, porque las fórmulas tradicionales son las responsables de que cierren librerías a diario.

Bunkitsu logra ser económicamente sostenible cuestionando una verdad consensuada (pura inercia o herencia): ¿curiosear en una librería tiene que ser gratis? ¿Acaso HBO o Netflix te dejan mirar sus series o sus películas sin pagar la cuota por adelantado? Morioka Shoten hace lo mismo con la idea de variedad y Bookshop Traveller, con la de unidad. Al cobrar entrada, hacer zoom o creer en la inteligencia colectiva, esos tres proyectos innovadores de Tokio se adaptan a los nuevos tiempos.

Esa adaptación no solo la están llevando a cabo las nuevas librerías independientes de Japón: Tsutaya se expande reinventando las grandes superficies. La empresa nació en 1983 y se dedicó durante más de dos décadas sobre todo al comercio y al préstamo en línea —en paralelo a Amazon o a Netflix—; pero en esta década ha abierto enormes librerías físicas en varias ciudades del país, en alianza ni más ni menos que con Starbucks. Sus libreros también son denominados “conserjes”, porque el modelo es aspiracional, que el lector se sienta en un hotel cinco estrellas.

Las dos más impresionantes tal vez sean las de los dos barrios más exclusivos de Tokio: Daikanyama y Ginza. En ésta, la del barrio tradicional del lujo, además de miles de libros de bellas artes, fotografía, ilustración o manga, también se venden caras ediciones de Taschen, volúmenes de anticuario y obras de arte (como una de las 2300 copias de “Balloon Dog Magenta”, de Jeff Koons, por 1.700.000 yenes, unos 15.600 dólares).

En la nueva zona de los millonarios, el edificio diseñado por Klein Dytham Architecture alberga un sinfín de revistas y secciones donde los libros dialogan con objetos muy escogidos. La sección de papelería es exquisita: desde cuadernos Midori o Apica hasta estuches de lápices Faber-Castell o plumas Montblanc, pasando por las fundas con las que los tokiotas camuflan en el metro las portadas de sus libros de bolsillo.

Una vista de Tsutaya Books CreditJorge Carrión

Como cocinar se parece a leer, en su sección, los libros gastronómicos comparten estantes con utensilios, vajillas de porcelana y botellas de vino. La librería se sincroniza con las estaciones: ahora es tiempo de ciruelas y se ofrecen botes de conserva y manuales para confeccionar mermeladas. Los volúmenes sobre el mundo del motor conviven con un coche de carreras. Y los de historia y ciencias naturales con una cabeza fósil de mamut.

Sumiyo Motonaga, relaciones públicas de la oficina del CEO, me comenta —por mediación del traductor Akifumi Uchida— que “se trata de crear espacios agradables, físicos, reales, donde una persona pueda pasar mucho tiempo sin que su interés ni su placer decaigan, en una escala exclusivamente humana”. Para recordarnos que la de internet (abstracta, gigantesca) no es la natural, la arquitectura del edificio juega con la alternancia de ámbitos grandes con otros más reducidos, en que la consulta o la lectura devienen íntimas.

También en Ler Devagar de Lisboa, en Bookpark de Seúl o en la renovada La Central de Callao, en Madrid, encontramos una gran diversidad de tipos de espacios. La máxima expresión de esa nueva tendencia tal vez sea la Page One del centro histórico de Pekín, donde cada gran sección ha sido diseñada con una identidad distinta, hasta lograr que —durante las 24 horas en que permanece abierta— puedas visitar al menos seis librerías sin salir de una.

Si las plataformas audiovisuales te cargan automáticamente el siguiente capítulo y las redes sociales usan algoritmos que penalizan los links, con el mismo objetivo de evitar que salgas de ellas, las librerías traducen esa lógica a la arquitectura y la llenan de tentaciones, de estímulos, de actualizaciones. Facebook, Instagram, Twitter, Youtube, Netflix, Line, WeChat o Kakao son algunas de las grandes antagonistas de las librerías. A sus estrategias para captar y fidelizar tu atención, las librerías que he mencionado le oponen las suyas, en un combate desigual y sin embargo apasionante que define el núcleo de fusión de nuestra época.

fuente: https://www.nytimes.com/es/2019/07/07/librerias-tokio-innovacion/

Mil Gotas, la primera librería de español en China

Abierta por el escritor argentino Guillermo Bravo en el Instituto Cervantes de Pekín, ofrece obras originales en castellano y traducidas al mandarín

Acuciada por los alquileres estratosféricos y la caída de ventas del papel frente al digital, la «Libreria Spagnola» de Roma cierra este viernes después de 55 años de brillante historia. Una mala noticia para un templo de la cultura hispana en Italia. A miles de kilómetros de allí, en la otra punta del mundo acaba de abrir Mil Gotas, la primera librería de China especializada en castellano. Coincidiendo con el Día E del Español, fue inaugurada el pasado sábado en el Instituto Cervantes de Pekín.

Ubicada en una sala de unos 20 metros cuadrados de su cuarta planta, esta tienda echa a andar con un millar de libros, la mayoría de autores españoles y latinoamericanos, tanto en castellano como traducidos al mandarín. Además, en sus anaqueles se pueden encontrar obras de escritores chinos que han sido publicadas en español. La librería pretende captar así a la comunidad española y latinoamericana residente en Pekín, que puede comprar aquí libros en su lengua madre y descubrir autores chinos traducidos, y a los estudiantes de castellano, cada vez más numerosos en este país. De igual modo, los lectores chinos que no dominen el idioma de Cervantes pueden adquirir títulos clásicos traducidos al mandarín como el « Quijote» o las obras completas de Borges.

«El catálogo incluye nombres legendarios de la literatura hispanoamericana, como Vargas Llosa, García Márquez y Cortázar, y autores que me gustan a mí, como César Aira. Además, tenemos obras de Roberto Bolaño, Arturo Pérez-Reverte, Javier Cercas, Eduardo Mendoza, Almudena Grandes y Javier Marías», explica a ABC su librero, el escritor y editor argentino Guillermo Bravo. A sus 35 años, de los que ha pasado los cuatro últimos enseñando literatura en la Universidad Normal Capital de Pekín, este cordobés del otro lado del charco ha cumplido su sueño de tener una librería, que ya le rondó antes de venir a China, cuando vivía en París. «Los alquileres eran allí imposibles y, además, la competencia muy dura. Aquí hay más posibilidades y, gracias al Cervantes, he podido montar la librería en esta sala», se muestra agradecido a la directora del centro, Inma González Puy, por haber apoyado esta iniciativa.

«Aunque es un proyecto modesto, está teniendo muy buena acogida», se congratula Bravo, quien recibe los libros de una importadora estatal china que le trae los mejores títulos de las grandes editoriales, como Anagrama Mondadori. Además, encarga directamente pequeños pedidos a editoriales latinoamericanas como las argentinas Adriana Hidalgo y Mansalva, la chilena Ediciones Biblioteca Nacional o la uruguaya Yaugurú.

El auge del idioma español en China

Tras el éxito que tuvo su portal de internet de venta de libros, en el que recibía encargos de títulos en español de alejadas provincias como Anhui o Cantón (Guangdong), Bravo comprobó el auge del idioma español en China. «Aunque es un mercado de nicho, cada vez hay más gente que lo estudia», explica Bravo. Buena prueba de ello es que su libro más vendido no es « Cien años de soledad» ni «El Aleph», sino “La gran araña”, un manual muy sencillo y con muchos dibujos para que los niños aprendan castellano.

Junto a su trabajo como profesor, el librero también dirige una pequeña editorial, La Guêpe, que ha publicado en mandarín el «Martín Fierro» en versión cartonera. Así se conoce a los libros que, con cartones recogidos de la calle como cubiertas, se popularizaron en Argentina tras la crisis. Para ayudar a quienes recogen dichos cartones, los beneficios van a una ONG con la que colaboran numerosos escritores, encantados de publicar sus obras en un formato tan singular como romántico.

«Publicar un libro es muy difícil. Mucho más en China, donde, además la costear la traducción, hay que comprar el ISBN a las editoriales estatales, que lo venden por unos 5.000 yuanes (645 euros), y pagar también 3.000 yuanes (387 euros) al censor para que lo lea y lo apruebe», desgrana Guillermo Bravo. A pesar de todas estas trabas, ha conseguido que una editorial china publique en mandarín una biografía de Messi, escrita por Leonardo Faccio, y «Los pichiciegos», de Rodolfo Fogwill, ambas a la venta en su establecimiento por 30 yuanes (unos 4 euros).

En la dirección contraria, también ha actuado como agente literario para que la editorial argentina Adriana Hidalgo publique «El invisible», del escritor chino Ge Fei. Dentro de esa misma labor de promoción de la literatura en mandarín, vende obras famosas de Liu Zhenyun adaptadas al cine, como «No soy una mujerzuela» o «Móvil», que han sido traducidas al español por la Editorial Intercontinental.

Homenajeando a César Aira, su autor favorito, Bravo ha bautizado a su librería como uno de sus relatos: Mil Gotas. En él, las mil gotas de pintura que forman La Gioconda abandonan el lienzo en el Museo del Louvre para ver mundo. Una de estas gotas viajeras acaba en China, donde decide quedarse al encontrar el amor. Justo igual que este librero enamorado de la Literatura.

fuente: https://www.abc.es/cultura/libros/abci-gotas-primera-libreria-espanol-china-201707010114_noticia.html

“Nuestro proyecto ‘Mil Gotas’ destaca la apertura de dos vías”, entrevista con Guillermo Bravo, escritor y editor argentino

Beijing, 18/12/2018(El Pueblo en Línea) – El profesor e intelectual argentino Guillermo Bravo es uno de los editores de América Latina que mejor se ha relacionado con el mundo del libro y la literatura del gigante asiático. Además de ser un agudo analista y activo promotor de la internacionalización del libro chino, es también el fundador y director del fascinante proyecto “Mil Gotas”, epicentro para la gestión literaria, que mantiene en Beijing y Shanghai sendas librerías especializadas en literatura publicada en idioma español.

A próposito del segundo aniversario de la inaguración de “Mil Gotas”, el incremento de los intercambios editoriales China-América Latina y los 40 años del proceso de reforma y apertura, Guillermo Bravo dialogó en exclusiva con Pueblo en Línea.

Pueblo en Línea: ¿Cúal fue su primera impresión de China?

Guillermo Bravo: Llegué a la Estación del Sur de Beijing y me llamó la atención ver a tanta gente. Luego, la amabilidad. Había un grupo de amigos chinos que estaban esperando para darme la bienvenida.

Pueblo en Línea: ¿Por qué abrir una librería en China y no decidir emprender en otro tipo de actividad?

Guillermo Bravo: Tiene que ver con mi gusto personal y con el amor por los libros. Otro negocio sin duda tendría que ser un negocio en toda la dimensión de la palabra: algo muy rentable. Pero lo que a mi me gusta y con lo que siempre he estado relacionado es con los libros. Me di cuenta que en China había una necesidad de libros en español y de disponer de un espacio de comunicación que utilizara el idioma español. Y para eso los libros son algo mágico. Otro tipo de productos como los alimentos o los equipos electrónicos son muy buenos, pero considero que en ese sentido no son mágicos.

Pueblo en Línea: ¿Fue sencillo el proceso de abrir la librería?

Guillermo Bravo: No fue difícil. Todo lo contrario. Todo el tiempo recibimos ayuda, especialmente del Instituto Cervantes. La directora cuando se enteró que pensábamos abrir la librería, nos invitó al Instituto Cervantes. Y todo el proceso fue fácil, y además placentero porque nos permitió hacer nuevos amigos.

Pueblo en Línea: ¿En qué se diferencia “Mil Gotas” de otras librerías?

Guillermo Bravo: Nosotros somos una librería enfocada en libros en español. Es la única librería en China que oferta solamente libros en español. Esa es la gran diferencia.

Pueblo en Línea: ¿Cúales son las mil gotas de “Mil Gotas”?

Guillermo Bravo: Nosotros tenemos un catálogo un poco especial, que está relacionado con lo que consideramos la idea del proyecto “Mil Gotas”, que es servir de vehículo entre el chino y el español, entre China y América Latina y España. Tenemos un catálogo de literatura en español y una parte dedicada especialmente a la poesía. Y luego tenemos a escritores chinos traducidos al español,que es algo que tambien hacemos como un estudio para ir viendo que libros chinos se publican en español. También tenemos libros en español sobre cultura china y un catálogo de libros de autores españoles e hispanoamericanos traducidos al chino. Y manuales para aprender chino y español.

Pueblo en Línea: Y el legado de lectores para lectores…

Guillermo Bravo: Esa es una colección muy linda, que a mi me gusta mucho, de libros de segunda mano. Esos libros se los compramos a los hispanoamericanos que regresan definitivo a sus países y se deshacen de su biblioteca personal, y también algunos chinos que tienen libros en español. A mi me gusta porque es como tener un pedacito de la casa de esa persona que ya no vive en China. Y a veces analizo qué libros tienen en sus bibliotecas para intentar saber, de alguna manera, cómo son.

Pueblo en Línea: ¿Cuáles autores son los más reclamados?

Guillermo Bravo: Los que normalmente piden más son, digamos, los clásicos de la literatura latinoamericana. El autor que piden más es García Márquez. De una novela como “Cien años de soledad” traemos versiones diferentes, ilustradas, en tapa dura, en tapa blanda y todas salen. Es un libro de una recepción impresionante. En China hay algo especial con García Márquez. Luego Borges y Cortázar son pilares. Otro hit de la librería, aunque ya en América Latina no se edite tanto es “Las Venas Abiertas de América Latina”, de Eduardo Galeano. Son revelaciones un poco sorprendentes porque no me esperaba que se desearan leer títulos que en América Latina ha pasado su turno.

Nuestro catálogo siempre se va moviendo. Hay períodos que tenemos más libros de autores españoles, otros en que tenemos más libros de América Latina. En otras ocasiones tenemos más libros infantiles. Es un catálogo relativamente pequeño, pero bien enfocado en el tipo de literatura que nos interesa brindar. De cada categoría, tenemos los libros que hay que tener. Y además, algunas rarezas de pequeñas editoriales de Argentina, Chile, Cuba, México, Colombia como la editorial Mansalva, Cartonera o la Editorial Sur que dirige el poeta Alex Pausides.

Tambien libros como “Fukushima Mon Amour”, de Pablo M. Diez, quien trabaja en China como periodista de ABC, “Seres primordiales” del escritor argentino Juan Cortelletti y poemarios como “Abril en Mayo” del poeta cubano Yasef Ananda también han tenido una buena acogida en “Mil Gotas”.

Pueblo en Línea:¿Qué beneficios le ha reportado la sinergía con librerías y editoriales chinas?

Guillermo Bravo: Trabajamos mucho con las editoriales chinas porque además de la librería, tenemos una agencia literaria dentro de la cual colaboramos para hacer libros juntos. Ahora estamos preparando una serie de libros para niños que se editarán en Argentina que tratan sobre costumbres y tradiciones chinas. Son veinte libros y cada uno narra una historia del folclore chino, traducida al español. Otro proyecto muy interesante es el “estante chino”, a través del cual el gobierno chino apoya a las librerías extranjeras de los países de habla hispana para que dispongan de una estantería con libros chinos. En ese sentido, nosotros ayudamos a poner en marcha el “estante chino”.

Por otra parte, a través de la editorial “Mil Gotas” publicamos literatura china en español. Cooperamos mucho con editoriales chinas para elegir autores de sus catálogos y traducirlos. Por ejemplo, el año que viene vamos a publicar en colaboración con el Instituto Cervantes un libro muy interesante que es la primera traducción de “El Quijote” realizada por Lin Shu. La vamos a retraducir al español. Precisamente como él la hizo de una manera tan libre, la vamos a regresar del chino al español. Una vez terminada, la publicaremos en Argentina y España. Puede llegar a ser muy sorprendente.

Pueblo en Línea: ¿El proceso de reforma y apertura de China le ha generado oportunidades?

Guillermo Bravo: Yo llegué a China cuando la reforma ya estaba en marcha. China es un país con una economía en constante crecimiento y con posibilidades de concretar proyectos. En ese sentido, residir en China me ha ayudado mucho y la apertura también porque ahora los lectores chinos se interesan más por la literatura extranjera.

Pueblo en Línea:¿Qué cambios se han operado en el gusto chino por la literatura extranjera?

Guillermo Bravo: Yo llegué a China en el 2008. Y en estos diez años que han transcurrido, dentro de los sectores editorial y del idioma español, se aprecian enormes cambios. Hay una actitud abierta por parte de los hispanistas y de las editoriales chinas. Pienso que está vinculado a la propia apertura del país, y al hecho de que ahora los estudiantes chinos pueden viajar más a iberoamérica y tienen más tiempo para leer. Con respecto a la literatura latinoamericana, están ansiosos por conocer nuevos autores.

Antes cuando hablaba con estudiantes de español y con hispanistas sobre literatura, solamente conocían a los clásicos iberoamericanos, es decir, a los escritores más importantes que se manejan cuando empiezas a estudiar una literatura determinada. Pero ahora me consultan y solicitan en “Mil Gotas” a otros autores que no forman parte de los clásicos. Si siempre era Cortázar, García Márquez, Borges, Neruda o Cervantes… ahora me hablan de escritores que es menos esperable que conozcan como por ejemplo Fabián Casas, Copi, Washitong Cucurto o Andrés Caisedo. Estos son escritores que no son tan conocidos fuera de sus países.

Pueblo en Línea: ¿Considera que el proceso de reforma y apertura ha mejorado la vida del pueblo chino?

Guillermo Bravo: Yo enseño desde hace cinco años en una universidad china, siempre a los estudiantes de cuarto año. Y cada vez llegan con mayor nivel. Cada vez las clases que yo doy tienen que ser mejores y eso me obliga a prepararme más porque antes se conformaban con un contenido más básico, pero ahora el propio estudiante exige más porque tienen mejor español, más capacidad de leer, conocen mucha más literatura hispanoamericana y poseen hábitos más desarrollados de estudio y pensamiento.

Pueblo en Línea: Este año, el Ministerio de Educación de China incorporará el idioma español a los cursos obligatorios de la escuela secundaria… ¿De qué manera cree que esta decisión influirá en el futuro desarrollo de “Mil Gotas”?

Guillermo Bravo: Supongo que habrán más chinos que puedan leer en español y existirá más interés por el propio idioma español. En ese sentido, la forma en que los estudiantes chinos estudian idiomas es mucho más completa y abarcadora que cuando yo, por ejemplo, estudié inglés en la secundaria argentina. En China hay un nivel de exigencia que he podido comprobar en las secundarias que ya están comenzando a implementar la enseñanza de español. Eso hará que esos estudiantes lleguen a un nivel más alto que el promedio global. Y eso mejorará el nivel de comunicación integral de China con hispanoamérica. China es muy inteligente haciendo puentes y enfoca el español como un todo, casi como una civilización. Los chinos piensan en el español como una manera de llegar a los casi 600 millones de personas que lo hablamos. En cambio, nosotros nos vemos a nosotros mismos por separado: Argentina, Chile, España. Sin embargo, China ve el idioma español casi como si se tratara de un país. Y eso me parece muy interesante. Yo también lo veo así: todos los que hablamos español formamos parte de una misma comunidad, aunque sean diferentes países. Y en China esa visión, a veces, es más fuerte que en nuestra propia región.

Pueblo en Línea: ¿Cuáles son las ventajas e inconvenientes a la hora de lograr una mayor presencia de libros chinos entre los lectores extranjeros?

Guillermo Bravo: Eso es algo que investigamos mucho. Occidente en general conoce poco de la literatura china, sobre todo de la contemporánea. Y en hispanoamérica se conoce menos. Faltan los “transductores”, es decir los traductores y editores que transmiten y le aportan a una cultura literaria determinada. Creo que para que la literatura china se pueda insertar más en el mundo hispano y en el extranjero, en general, hace falta más puentes, más “transductores”, más sinólogos y más editoriales especializadas. Sin duda, la literatura china contemporánea tiene mucho para dar y no les faltará lectores en lengua española, pero se necesitan más puentes. También hay que aclarar que traducir del chino al español es un proceso muy largo y complejo, y en ocasiones es difícil de remunerar como corresponde.

Pueblo en Línea: ¿En qué se diferencia el mercado editorial de China con respecto al que existe en los países hispanohablantes?

Guillermo Bravo: Nuestro mercado en América Latina está fragmentado en pequeños mercados y hay una gran proliferación de editoriales independientes y pequeñas, que le dan un color específico a cada región. El mercado del libro en China es muy particular. En el mundo editorial chino, el Estado está más presente que en nuestros países. En ese sentido, en China hay una línea editorial más orientada y pocas casas editoriales, pero muy grandes. Al frente de “Mil Gotas” hay una editorial china que tiene 6 pisos. De hecho, muchas editoriales chinas tienen una red nacional de librerías y las hay que publican mil títulos al año. Esa cifra es impensable para una editorial argentina.

Pueblo en Línea: ¿Qué le recomendaría a los editores y libreros hispanoamericanos para funcionar mejor en el mercado chino?

Guillermo Bravo: Lo primero que le recomendaría que se interesen y entren. Por ejemplo, en la Feria del Libro de Beijing no había casi editoriales hispanoamericanas. Yo creo que “Mil Gotas” era la única representante del idioma español y nosotros somos muy pequeños para considerarnos representantes de un idioma, y además residimos en China. Todavía las editoriales nuestras no están muy interesadas. Se están despertando de a poco. Si quieren entrar al mercado chino para vender a sus autores, les aconsejo que empiecen por venir a las ferias del libro de Beijing y de Shanghai. Y que intenten relacionarse con los editores chinos. Además, todas las grandes editoriales chinas tienen especialistas que hablan inglés, e incluso español. Hay que invertir tiempo y paciencia para construir una relación en China. Muchas veces los empresarios piensan que pueden venir a hacer un negocio e irse. Y yo creo que aquí las cosas no se hacen de una manera fugaz y rápida. Hay que construir una relación a largo plazo, pero vale la pena.

Pueblo en Línea: ¿Cúal es el “sueño chino” de “Mil Gotas”?

Guillermo Bravo: Mientras China tenga una mayor apertura y el extranjero la tenga con China, será mejor para nuestros proyectos. “Mil Gotas” no solamente es la librería, también es la agencia literaria y la editorial. Es trabajar por la comunicación entre China, América Latina y España. Entonces, mientras más apertura exista, habrá más comunicación, entendida como traer y llevar libros, organizar conferencias, gestionar la publicación de autores chinos e hispanoamericanos.

El próximo año vamos a abrir en Chongching nuestro tercer espacio, que se suma a los que ya tenemos en Beijing y Shanghai. Y publicaremos más libros de nuestro propio sello y gestionaremos más publicaciones de libros de autores chinos en América Latina. También nos gustaría comenzar una revista cultural por suscripción y organizar residencias de escritores latinoamericanos en China.

Otro de los sueños es abrir una librería “Mil Gotas” en Argentina que esté dedicada a la literatura china. Debido a que es un proyecto de intercambio, “Mil Gotas” destaca la apertura de dos vías.

Pueblo en Línea: ¿Y en relación con la economía digital?

Guillermo Bravo: Si no es por el amor que le tenemos, a veces es difícil justificar el libro en papel. También estamos pensando en ofrecer libros digitales. Estamos consultando con una empresa argentina que digitaliza libros y, por otra parte, hemos contactado editoriales para que nos cedan los derechos digitales para China. Vamos a seguir impulsando el libro en papel, pero también tendremos libros digitales en “Mil Gotas”.

En un futuro pensamos hacer un libro digital con los lectores de “Mil Gotas” que consista en lanzar un documento y que los lectores lo vayan modificando. Será un libro digital que va cambiando todo el tiempo y que se reescribe en español, constantemente. Y se podrá ir leyendo siempre el mismo libro, que no será el mismo porque se irá transformando a lo largo del tiempo.

Pueblo en Línea: En 40 años de reforma y apertura, ¿ha cambiado la opinión de los argentinos sobre China?

Guillermo Bravo: Cuando vine a China en el 2008 a pasar mis primeros cuatro meses, muchos me decían ¿Estás loco? ¿Por qué vas a China? Y ahora cuando digo que vivo en China ya no les parece una locura, sino que me miran con admiración. Me doy cuenta que la sensación que tienen los argentinos con respecto a China ha cambiado mucho. Ahora hay muchas primicias mundiales que se desarrollan en este país. Es por eso que a veces tenemos la sensación de vivir un poquito más adelantado que el resto, por ejemplo en el uso de la tecnología. Y eso genera mucho respeto. 

fuente: http://spanish.peopledaily.com.cn/n3/2018/1217/c92122-9529198.html

Se instaló en Pekín, puso una cadena de librerías y vende 900 textos en español al mes

Jorge Luis Borges rompió corazones en China. Dicen que hay una generación de escritores vanguardistas chinos que intentaron imitar su estilo, pero que solo se encontraron con sus propias limitaciones y frustraciones. Hoy es la estrella de la librería Mil Gotas, fundada por el argentino Guillermo Bravo, que lleva la literatura en español a Pekín, Shanghái y Chongqing.

Es un mercado de más de mil millones de personas, sí. Pero solo algunas saben español, así que la cadena de Bravo es una especie de club para los chinos que estudian el idioma y para la comunidad de inmigrantes hispanoparlantes. Vende unos 900 libros al mes, entre los que se destacan los de Borges, pero también los de Mario Vargas Llosa y los de Gabriel García Márquez.

El proyecto tiene tres partes: la cadena de librerías, que ya tiene tres sucursales, una editorial que publica libros de China en español y una agencia literaria que vende derechos de autores chinos para el mercado hispanoamericano y viceversa.

Si una editorial china quiere ir a la Feria del Libro de Madrid, de Buenos Aires o de Guadalajara, Mil Gotas se encarga de conseguirle stand. La compañía también tiene presencia en la Argentina: por ejemplo, la pata editorial presenta el mes que viene un libro de un autor chino en una librería en Buenos Aires.

“La tarea principal es ser un puente entre China y los países hispanoparlantes. Hoy casi no existen: las editoriales chinas no conocen autores argentinos contemporáneos, así que no hay forma de que se fortalezca el intercambio. Faltan nexos”, dice Bravo, de 37 años.

Argentina, Francia y China: una historia de inmigración literaria

Bravo emigró por primera vez cuando recién se convirtió en licenciado en Letras. Se fue a Francia. Allí abrió una editorial y vivió algunos años, hasta que se dio cuenta de que vivir en aquel país europeo no era tan distinto a su experiencia en la Argentina.

Emprendió un viaje de algunos meses por el mundo. Fue a China y allí conoció al traductor chino de El Quijote. En 2012, su colega chino le escribió para avisarle que se había abierto una plaza en la Universidad de Pekín. Lo tomaron como profesor de Literatura en la carrera de Español.

Da clases en español y repasa la historia de la literatura de países hispanoparlantes. Sus alumnos leen clásicos de España, como El Cantar de Mio Cid, y del boom latinoamericano. Hoy esta actividad sigue siendo su principal fuente de ingreso. Además, vive en departamentos universitarios frente a la facultad donde enseña.

Hace tres años quiso volver a meterse en la industria de los libros, como había hecho en Francia. Empezó una editorial “cartonera” (las que utilizan métodos artesanales y materiales recuperados para encuadernar) y publicó El Quijote y la biografía de Lionel Messi del periodista Leonardo Faccio.

Más adelante, abrió una librería online. Como le fue bien con ese negocio, buscó un espacio físico para expandirse, y le ofrecieron un alquiler barato en el Instituto Cervantes. Así, Mil Gotas se convirtió en la única que vende libros en español en China. Está presente en Shanghái, Pekín y Chongqing. La primera tiene más de 26 millones de habitantes; la segunda, más de 21 millones, y la tercera, más de 30 millones.

Cómo hacer negocios en China

Para poder tener éxito en su negocio, Bravo tiene una socia china, que es quien se encarga de los trámites para poder abrir el local y vender. “En China se puede hacer una empresa privada sin ningún problema. Se gana el dinero exactamente igual que en la Argentina y la mía es una empresa totalmente privada”, señala.

Sin embargo, para poder importar los libros que vende en Mil Gotas sí se encuentra con un poco más de trabas. “Es difícil hacer la importación, porque tenemos que hacerlo a través de un importador oficial chino que pertenece al Estado. Es difícil y hay que presentar muchos papeles. Puede tardar tres meses en llegar”, dice.

A pesar de las trabas, Bravo asegura que no dejaría su actividad porque hay un interés genuino en sus clientes. “En China hay mucho interés por la literatura latinoamericana. Se compran mucho más los autores del boom latinoamericano que los libros de Cervantes, y eso se debe a que el interés geopolítico del país asiático está mucho más enfocado en América Latina hoy”, resume.

fuente: https://www.lanacion.com.ar/economia/se-instalo-pekin-puso-cadena-librerias-vende-nid2270678

Lu Min: “Nuestro cuerpo es muy pequeño para conocer el mundo, pero con la literatura podemos hacerlo”

En el Instituto Confucio, la narradora nacida en 1973 en Dongtai, Jiangsu, dialogó con periodistas y lectores sobre el poder de la naturaleza como imaginario y sobre cómo la tecnología modifica nuestras vidas

A metros del ruido de la Avenida Córdoba, ingresando por la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, está el Instituto Confucio. Un pasillo al fondo, una escalera hacia arriba y la tranquilidad: un living muy característico de la cultura oriental, con su alfombra, sus vasijas, sus sillones, sus almohadones y unos peluches del animal chino por excelencia: el panda. De fondo, una biblioteca copiosa con libros escritos en chino y en el medio, frente a una pequeña multitud que se dio cita aquí para verla y escucharla, la escritora Lu Min. Vestido sobrio, piernas cruzadas y mirada templada, toma el micrófono con la mano izquierda y usa la derecha para hacer ademanes. Saluda al público en un inglés fluido y luego se lanza a hablar en su idioma original con una rapidez que rompe los protocolos. A su lado, un traductor es el puente con los asistentes de esta tarde soleada.

Lu Min nació en 1973 en Dongtai, Jiangsu. Es escritora firmante de la Asociación de Escritores de Jiangsu, vicepresidente de la Asociación de Escritores de Jiangsu, vicepresidente de la Asociación de Escritores de Nanjing y miembro del IX Comité Nacional de la Asociación de Escritores de China. Ha ganado varios premios y sus libros se han traducido en nueve idiomas. El domingo pasado estuvo en la Feria del Libro dialogando con los autores Mariano Quirós y Sonia Budassi sobre varias cosas, entre ellas la publicación en China y Argentina del libro en español y en mandarín Tándem Animales —coeditado entre el sello argentino Mil Gotas y el chino The People’s Literature Publishing House—, una antología que reúne cuentos de autores chinos y latinoamericanos en torno a historias de animales.

Ahora, en esta insólitamente silenciosa sala, cuenta historias. Como si fuera un ser milenario que emerge del pasado y narra a la vieja usanza: desde el lenguaje oral. “Argentina y China están muy lejos pero estamos bajo el mismo sol, y cuando veo el sol sé que estamos juntos”, dice antes de presentar la charla que va dar, titulada “El sol real y la luz imaginaria”. Para Lu Min la literatura es contar historias para perforar el sentido común de las personas hasta sensibilizarlas. Su búsqueda es la de una sensibilidad universal que nos transforme. ¿Acaso no leemos para abrir paso a nuevas ideas y sensaciones?

Cuenta historias. A eso se dedica. La primera es sobre dos niños que se preguntan qué sol está más cerca, el del amanecer o el del atardecer. Lanzan hipótesis hasta que le preguntan a Confucio —célebre pensador chino nacido en el año 551 a. C.—, esperando una respuesta llena de sabiduría. Pero él tampoco lo sabe. Lo que sí sabe es que, dice Lu Min, “cada cultura tiene una relación distinta con el sol”. Aquí, nosotros, occidentales metropolitanos, ¿qué importancia le damos a esa bola de fuego que da vida a este desangelado planeta?

Otra historia. El padre de un amigo suyo se había perdido en la ciudad. No lo podían encontrar por ningún lado. Hasta que pidieron el archivo de las cámaras de seguridad de la zona —en China hay muchas cámaras de seguridad— y finalmente lo encontraron. Su alegría fue tan grande que, “ahora, siente que es un deber sonreirle a las cámaras cada vez que pasa delante de una”. Algo similar le ocurrió a otro muchacho, continúa, “que fue acusado de un robo, del cual no tenía nada que ver. Lo vieron en las cámaras y por el parecido lo acusaron. Sin embargo era inocente. Se sintió muy triste porque lo hayan acusado, pero también muy alegre porque sintió que alguien lo estaba mirando, que alguien estaba prestando atención a lo que hacía. Se dio cuenta que en ese archivo podía vivir otra vida.”

La tercera y última historia se llama “El buen corredor del sol”: un hombre que “busca atrapar el sol para que su pueblo tenga luz todo el día. Corre y corre pero nunca lo atrapa. Tiene sed, entonces se toma todos los ríos de China”, dice Lu Min y agrega con una sonrisa: “Si bebiera el Río de la Plata probablemente calmaría su sed y pudiera seguir y atrapar el sol”. “Es una historia triste, porque finalmente el corredor muere de sed. Yo creo que los escritores somos iguales: estamos buscando el sol y nunca lo conseguiremos”, concluye.

Antes de ser narradora, trabajaba en un correo. La imaginación no tenía mucho que ver con su actividad, aunque ella se las ingeniaba. “Todo el tiempo trataba de recrear en mi mente cómo eran las vidas de las personas que veía. Entonces me dije: ‘tengo que hacer algo con mi imaginación’. Así fue que decidí empezar a escribir”, cuenta. Tras los aplausos, el traductor abre el juego al público para que le realice unas preguntas. Infobae Cultura hizo dos y son las siguientes.

—¿Para qué sirve la literatura en un mundo como este?

—Cada persona tiene su teoría, pero yo creo que no hay una razón. ¿Para qué comes? ¿Para qué bebes? No hay una razón exacta. Para mí la literatura es un mundo ajeno. Nuestro cuerpo es muy pequeño para conocer el mundo, con la literatura podemos hacerlo. Por ejemplo, recuerdo un cuento ruso. Un hombre se puso a beber vodka en un bar y cuando salió a la calle sintió tanto calor que se quitó la ropa y se tiró desnudo a un lago congelado. Y murió. Sí, es una historia triste pero lo que quiero decir es que yo no puedo beber vodka y tampoco puedo sentir ese frío, pero leyendo la historia sí. Eso es la literatura para mí.

—La tecnología está muy presente en sus textos, ¿cuánto cree que ha cambiado internet a la literatura?

—La tecnología avanza. Internet transformó la forma de conocer el mundo, pero la realidad del amor, la locura y la vida no cambió.

fuente: https://www.infobae.com/america/cultura-america/2019/04/30/lu-min-nuestro-cuerpo-es-muy-pequeno-para-conocer-el-mundo-pero-con-la-literatura-podemos-hacerlo/

Lu Min: “Me gusta contar vivencias de personas comunes”

La escritora china presentó en el ICUBA “Tándem Animales”, una antología de cuentos coeditada en ambos idiomas. La autora pidió a los argentinos que lean literatura contemporánea china, más allá de los clásicos.

Desde que llegó a la Argentina la escritora china Lu Min no paró un segundo. Con una agenda repleta de entrevistas, encuentros  y debates literarios, la joven autora presentó ayer el libro “Tándem Animales”, una ambiciosa publicación que fue coeditada en español y chino gracias a un trabajo mancomunado de sellos editoriales de ambos países.

“Me gusta contar vivencias de personas comunes”, explicó Lu en el Instituto Confucio que funciona en la Universidad de Buenos Aires (UBA), ante la presencia de un nutrido grupo de lectores interesados en la literatura china, académicos y autoridades de ambas instituciones.

La obra, coeditada por el sello argentino “Mil Gotas” y el chino “The People´s Literature Publishing House”, es una antología que reúne cuentos de autores latinoamericanos y chinos en torno a historias de animales.

Lu destacó la importancia de poder mostrar, a través de la literatura, las diferentes formas de expresión de la cultura contemporánea y la vida cotidiana de su país. A partir de esta premisa, se refirió a algunos de sus disímiles cuentos: analizó del valor actual de la poesía, habló sobre la comida y trazó un original vínculo entre las cámaras de seguridad y el olvido, entre otros temas.

Después de reconocer lo gratificante que era la posibilidad de contar la realidad de China en un país tan lejano como la Argentina, Lu alentó a leer a escritores chinos contemporáneos, más allá del incuestionable valor que tienen los autores clásicos.

La presentación de “Tándem Animales” contó con la presencia del director de la Secretaría de Relaciones Internacionales de la UBA, Iván Barcas; del codirector chino del Instituto Confucio, Liu Dongping; y del coordinador de idioma y cultura de esta última institución, Pablo Cullinan.

El libro acaba de ser publicado en China y, según se estima, en poco menos de un mes estará disponible en las librerías argentinas.

Lu Min nació en 1973 en Dongtai, Jiangsu. Es miembro de la Asociación de Escritores de Jiangsu, vicepresidente de la Asociación de Escritores de Jiangsu, vicepresidente de la Asociación de Escritores de Nanjing y miembro del IX Comité Nacional de la Asociación de Escritores de China.

Ha ganado el Premio de Literatura del Pueblo, el Premio de Literatura Lu Xun, el Premio de Literatura Feng Mu, el Premio de Novela Favorita de Lectores de la Selección de Novelas, el Premio Bienal de Novelas Chinas y el Premio de la Obra Excelente del Escritor  Chino.

Algunas de sus obras han sido traducidas al inglés, alemán, francés, inglés, español, italiano, ruso, japonés y árabe. Los críticos literarios chinos destacan que las novelas de Lu intentan reflejar la vida real de China, con temáticas tan diversas como la cotidianeidad de los pobres urbanos, los pequeños intelectuales y los comerciantes de los mercados.

Durante su estadía en Buenos Aires, Lu Min presentó “Tándem animales” en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, donde también participó de un diálogo entre escritores argentinos y chinos, con la participación de Zang Di, Héctor Cincotta, Mempo Giardinelli y Sun Xintang. Asimismo, integró una delegación de autores y editores que se reunió con las autoridades de la Casa de la Cultura China, de la Universidad del Congreso.

fuente: https://www.tiempoar.com.ar/nota/me-gusta-contar-vivencias-de-personas-comunes

Lazos editoriales entre China y nuestro continente

Cada vez más nuestros autores ocupan los catálogos del Oriente. La nueva editorial Mil Gotas publicará una novela de César Aira.

El interés por la literatura de habla hispana en China creció a partir del 2000. 
Una investigación de la doctora Lou Yu, de la Academia China de Ciencias Sociales, señala que más de la mitad de los libros disponibles en mandarín se editó en el siglo XXI. 

Entre ellos, el autor latinoamericano más traducido y con más citas académicas es Jorge Luis Borges. De hecho, el creador de “El Aleph” “es considerado una suerte de maestro de maestros por los autores chinos”, afirma Lou Yu, también traductora de Ricardo Piglia. 

Hace dos meses se publicaron los dos tomos de los “Diálogos entre Borges y Osvaldo Ferrari”. De cerca Gabriel García Márquez, que cuenta con una larga lista de lectores en el extremo asiático, entre los se encuentra el Premio Nobel Mo Yan. 

Los argentinos han sido bien recibidos en el país de Confucio. Hoy se encuentran más de 115 títulos disponibles en mandarín de escritores como Juan José Hernández, Julio Cortázar o Ernesto Sábato. Incluso, en los últimos años, algunas editoriales empezaron a apostar por la literatura contemporánea. 

El sello Shanghai 99 se especializa en autores jóvenes y cuenta en su catálogo con Guillermo Martínez y el chileno Alejandro Zambra, entre otros. 

El desarrollo del español ha impulsado nuevos proyectos. A mediados de este año, la librería y agencia literaria Mil Gotas lanzará su propia colección de libros.

La nueva editorial planea publicar una edición bilingüe de la novela de César Aira que dio nombre a la librería, la “Biografía del Caballero Mágico de Lin Shu” (una reescritura del Don Quijote de un autor chino de principios del siglo XX que no sabía leer castellano) y una antología de jóvenes autores de América Latina y China que se editará junto con People’s Literature Publishing House, además de otros títulos. “Existe un interés creciente en achicar la brecha cultural entre China y América Latina”, dice Leticia Pogoriles, una de las editoras. “La literatura se transforma en uno de los elementos para conocer cómo es el otro. Nuestro proyecto busca generar ese intercambio, un diálogo entre las dos latitudes”.  

fuente: https://www.losandes.com.ar/article/view?slug=lazos-editoriales-entre-china-y-nuestro-continente

Seductores cruces literarios

Los intercambios llegan de la mano de una nueva editorial y centros académicos. 

El interés por la literatura de habla hispana en China creció a partir del 2000. Una investigación de la doctora Lou Yu, de la Academia China de Ciencias Sociales, señala que más de la mitad de los libros disponibles en mandarín se editó en el siglo XXI. Entre ellos, el autor latinoamericano más traducido y con más citas académicas es Jorge Luis Borges. De hecho, el creador de El Aleph “es considerado una suerte de maestro de maestros por los autores chinos”, afirma Lou Yu, también traductora de Ricardo Piglia. Hace dos meses se publicaron los dos tomos de los Diálogos entre Borges y Osvaldo Ferrari. De cerca Gabriel García Márquez, que cuenta con una larga lista de lectores en el extremo asiático, entre los se encuentra el Premio Nobel Mo Yan. Los argentinos han sido bien recibidos en el país de Confucio. Hoy se encuentran más de 115 títulos disponibles en mandarín de escritores como Juan José Hernández, Julio Cortázar o Ernesto Sabato. Incluso, en los últimos años, algunas editoriales empezaron a apostar por la literatura contemporánea. El sello Shanghai 99 se especializa en autores jóvenes y cuenta en su catálogo con Guillermo Martínez y el chileno Alejandro Zambra, entre otros. El desarrollo del español ha impulsado nuevos proyectos. A mediados de este año, la librería y agencia literaria Mil Gotas lanzará su propia colección de libros.

La nueva editorial planea publicar una edición bilingüe de la novela de César Aira que dio nombre a la librería, la Biografía del Caballero Mágico de Lin Shu (una reescritura del Don Quijote de un autor chino de principios del siglo XX que no sabía leer castellano) y una antología de jóvenes autores de América Latina y China que se editará junto con People’s Literature Publishing House, además de otros títulos. “Existe un interés creciente en achicar la brecha cultural entre China y América Latina”, dice Leticia Pogoriles, una de las editoras. “La literatura se transforma en uno de los elementos para conocer cómo es el otro. Nuestro proyecto busca generar ese intercambio, un diálogo entre las dos latitudes”. 

fuente: https://www.clarin.com/revista-enie/ideas/seductores-cruces-literarios_0_KjS8T5EiF.html