Lu Min: “Nuestro cuerpo es muy pequeño para conocer el mundo, pero con la literatura podemos hacerlo”

En el Instituto Confucio, la narradora nacida en 1973 en Dongtai, Jiangsu, dialogó con periodistas y lectores sobre el poder de la naturaleza como imaginario y sobre cómo la tecnología modifica nuestras vidas

A metros del ruido de la Avenida Córdoba, ingresando por la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, está el Instituto Confucio. Un pasillo al fondo, una escalera hacia arriba y la tranquilidad: un living muy característico de la cultura oriental, con su alfombra, sus vasijas, sus sillones, sus almohadones y unos peluches del animal chino por excelencia: el panda. De fondo, una biblioteca copiosa con libros escritos en chino y en el medio, frente a una pequeña multitud que se dio cita aquí para verla y escucharla, la escritora Lu Min. Vestido sobrio, piernas cruzadas y mirada templada, toma el micrófono con la mano izquierda y usa la derecha para hacer ademanes. Saluda al público en un inglés fluido y luego se lanza a hablar en su idioma original con una rapidez que rompe los protocolos. A su lado, un traductor es el puente con los asistentes de esta tarde soleada.

Lu Min nació en 1973 en Dongtai, Jiangsu. Es escritora firmante de la Asociación de Escritores de Jiangsu, vicepresidente de la Asociación de Escritores de Jiangsu, vicepresidente de la Asociación de Escritores de Nanjing y miembro del IX Comité Nacional de la Asociación de Escritores de China. Ha ganado varios premios y sus libros se han traducido en nueve idiomas. El domingo pasado estuvo en la Feria del Libro dialogando con los autores Mariano Quirós y Sonia Budassi sobre varias cosas, entre ellas la publicación en China y Argentina del libro en español y en mandarín Tándem Animales —coeditado entre el sello argentino Mil Gotas y el chino The People’s Literature Publishing House—, una antología que reúne cuentos de autores chinos y latinoamericanos en torno a historias de animales.

Ahora, en esta insólitamente silenciosa sala, cuenta historias. Como si fuera un ser milenario que emerge del pasado y narra a la vieja usanza: desde el lenguaje oral. “Argentina y China están muy lejos pero estamos bajo el mismo sol, y cuando veo el sol sé que estamos juntos”, dice antes de presentar la charla que va dar, titulada “El sol real y la luz imaginaria”. Para Lu Min la literatura es contar historias para perforar el sentido común de las personas hasta sensibilizarlas. Su búsqueda es la de una sensibilidad universal que nos transforme. ¿Acaso no leemos para abrir paso a nuevas ideas y sensaciones?

Cuenta historias. A eso se dedica. La primera es sobre dos niños que se preguntan qué sol está más cerca, el del amanecer o el del atardecer. Lanzan hipótesis hasta que le preguntan a Confucio —célebre pensador chino nacido en el año 551 a. C.—, esperando una respuesta llena de sabiduría. Pero él tampoco lo sabe. Lo que sí sabe es que, dice Lu Min, “cada cultura tiene una relación distinta con el sol”. Aquí, nosotros, occidentales metropolitanos, ¿qué importancia le damos a esa bola de fuego que da vida a este desangelado planeta?

Otra historia. El padre de un amigo suyo se había perdido en la ciudad. No lo podían encontrar por ningún lado. Hasta que pidieron el archivo de las cámaras de seguridad de la zona —en China hay muchas cámaras de seguridad— y finalmente lo encontraron. Su alegría fue tan grande que, “ahora, siente que es un deber sonreirle a las cámaras cada vez que pasa delante de una”. Algo similar le ocurrió a otro muchacho, continúa, “que fue acusado de un robo, del cual no tenía nada que ver. Lo vieron en las cámaras y por el parecido lo acusaron. Sin embargo era inocente. Se sintió muy triste porque lo hayan acusado, pero también muy alegre porque sintió que alguien lo estaba mirando, que alguien estaba prestando atención a lo que hacía. Se dio cuenta que en ese archivo podía vivir otra vida.”

La tercera y última historia se llama “El buen corredor del sol”: un hombre que “busca atrapar el sol para que su pueblo tenga luz todo el día. Corre y corre pero nunca lo atrapa. Tiene sed, entonces se toma todos los ríos de China”, dice Lu Min y agrega con una sonrisa: “Si bebiera el Río de la Plata probablemente calmaría su sed y pudiera seguir y atrapar el sol”. “Es una historia triste, porque finalmente el corredor muere de sed. Yo creo que los escritores somos iguales: estamos buscando el sol y nunca lo conseguiremos”, concluye.

Antes de ser narradora, trabajaba en un correo. La imaginación no tenía mucho que ver con su actividad, aunque ella se las ingeniaba. “Todo el tiempo trataba de recrear en mi mente cómo eran las vidas de las personas que veía. Entonces me dije: ‘tengo que hacer algo con mi imaginación’. Así fue que decidí empezar a escribir”, cuenta. Tras los aplausos, el traductor abre el juego al público para que le realice unas preguntas. Infobae Cultura hizo dos y son las siguientes.

—¿Para qué sirve la literatura en un mundo como este?

—Cada persona tiene su teoría, pero yo creo que no hay una razón. ¿Para qué comes? ¿Para qué bebes? No hay una razón exacta. Para mí la literatura es un mundo ajeno. Nuestro cuerpo es muy pequeño para conocer el mundo, con la literatura podemos hacerlo. Por ejemplo, recuerdo un cuento ruso. Un hombre se puso a beber vodka en un bar y cuando salió a la calle sintió tanto calor que se quitó la ropa y se tiró desnudo a un lago congelado. Y murió. Sí, es una historia triste pero lo que quiero decir es que yo no puedo beber vodka y tampoco puedo sentir ese frío, pero leyendo la historia sí. Eso es la literatura para mí.

—La tecnología está muy presente en sus textos, ¿cuánto cree que ha cambiado internet a la literatura?

—La tecnología avanza. Internet transformó la forma de conocer el mundo, pero la realidad del amor, la locura y la vida no cambió.

fuente: https://www.infobae.com/america/cultura-america/2019/04/30/lu-min-nuestro-cuerpo-es-muy-pequeno-para-conocer-el-mundo-pero-con-la-literatura-podemos-hacerlo/

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